Category: Opinión

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noviembre 17th, 2017 by admin77

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El periodo de gracia para Pedro Sánchez ha terminado y el primer análisis de la gestión del renacido secretario general del PSOE arroja más sombras que luces, más dudas que certezas. El líder socialista recuperó el poder envolviéndose en la bandera del ‘no’ a Rajoy, frente a la supuesta complacencia con los populares de su rival, Susana Díaz. Fue eso y no otra cosa lo que empujó a miles y miles de militantes a plantar cara al poderoso “aparato” para auparle, nuevamente, al despacho noble de la calle Ferraz. Hoy, casi seis meses después de su triunfo en las primarias, es lícito cuestionarse si la estrategia socialista en estos críticos momentos habría sido diferente si en lugar de ser liderada por el joven político madrileño, la hubiera dirigido la presidenta andaluza. 

Sánchez parece haber capitaneado la crisis catalana más preocupado de las encuestas y de las presiones de los jurásicos de su partido que de dar sentido al lema que exhibe en sus mítines: “Somos la izquierda”. La suya no era una posición sencilla, obviamente. El PSOE no podía ni debía alinearse con los partidos independentistas que habían incumplido la Constitución, el Estatut y hasta el propio reglamento de su Parlament. Ahora bien, de ahí a echarse en manos de Rajoy había todo un mundo de posibilidades. De hecho, el secretario general dio síntomas, inicialmente, de marcar distancias con el PP, al condenar la actuación policial del 1 de octubre. Sin embargo, a Sánchez muy pronto le temblaron las piernas. Solo así se puede entender que retirara, sin dar explicación alguna, la iniciativa parlamentaria que había presentado para reprobar a la vicepresidenta del Gobierno, como principal responsable de la violenta represión contra los ciudadanos que intentaron votar en el referéndum. Fue su primera gran cesión a los sectores más conservadores de su partido que, en algunos casos como el del expresidente Felipe González, estaban adelantando por la derecha, con sus declaraciones incendiarias, al mismísimo Rajoy. 

El líder socialista se dejó llevar y llevar hasta caer en las garras del presidente del Gobierno. Fue así como pactó con él apoyar la aplicación del artículo 155 a cambio de que el PP aceptara abrir un debate para reformar la Constitución. Los socialistas negaron haber firmado un cheque en blanco y vendieron, a bombo y platillo, este acuerdo con el que pretendían demostrar su capacidad para influir en las políticas inmovilistas que tanto gustan al actual inquilino de la Moncloa. Este miércoles, sin embargo, en la primera reunión de la comisión parlamentaria en que debería abrirse el melón constitucional, los populares ya han dicho que no piensan hacerlo; que de lo dicho, nada de nada; que, como mucho, se retocará la financiación autonómica. Veinticuatro horas después Pablo Casado seguía por la misma línea: aunque decía que su partido no se cerraba a la reforma constitucional, aseguraba que Rajoy y Sánchez solo acordaron “ver cómo funciona”. 

Parece claro que Rajoy ha engañado y humillado a Pedro Sánchez. Los socialistas se muestran entre desconcertados y sorprendidos, pero… ¿podía esperarse otra cosa de un político acusado de cobrar sobresueldos en dinero negro? ¿Se puede negociar con el líder de un partido que se sentará en el banquillo de los acusados por destruir pruebas de una investigación sobre corrupción? ¿Es posible ir de la mano de una formación política que intenta arañar votos generando catalanofobia y que, acorralada por la Justicia, trata de sobrevivir machacando discos duros a martillazos, cesando a fiscales independientes y obstaculizando la investigación de los magistrados? 

Sánchez, antes, contestaba a todas estas preguntas con un rotundo “no es no”. Ahora, sin embargo, sus portavoces defiende la inacción frente a Rajoy con argumentos similares a los que en su día utilizaron los susanistas para justificar la abstención que permitió al PP permanecer en el poder: “Se puede gobernar desde la oposición”, “No salen las cuentas para llevar a cabo una moción de censura”…  Queda legislatura por delante, pero en este verdadero arranque de la segunda ‘Era Sánchez’, el nuevo PSOE se parece cada vez más al viejo.

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noviembre 17th, 2017 by admin77

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Contaba ayer Rosa Maria Artal en su cuenta de Twitter cómo fue cubrir el juicio de una violación múltiple:

Yo también hice un reportaje de Informe Semanal con casos como el de #laManada Absolvieron a cinco tíos que violaron a una chica en el Parque Güel de Barcelona porque… no se resistió. Ella, en la entrevista, me decía que cómo podía resistirse a 5 tíos. Fuerte, eh? resistirse.

— rosa maría artal (@rosamariaartal) November 15, 2017

La realidad con la que se encuentran las víctimas de una violación cuando llegan a los juzgados puede ser ésa. Primer un hombre te machaca y luego otro te remata.

Que el machismo esté instaurado en la sociedad implica que también lo esté en las instituciones que atienden a las denunciantes: desde los sanitarios a los peritos, pasando por el juez que decidirá si te violaron o te lo inventaste.

No podemos calcular cuántos casos como el que cuenta Artal existen, pero sí que conocemos muchos parecidos que saltan a los medios. Si cerraste bien las piernas, cuánto bebiste, cuánto te resististe. Todo puede contar como atenuante para el violador.

En cuanto a la resistencia, aquel juez absolvió a los cinco hombres porque esperó de la víctima que hubiera reaccionado como lo hubiera hecho él: con violencia, lanzando puñetazos e intentando huir. Se les escapa a los jueces sin perspectiva de género que a nosotras la sociedad nos educa diferente, y que la violencia es monopolio de ellos.

Que a nosotras nos enseñan a temer, a cambiar de ruta para volver a casa, a evitar los conflictos en los que ellos nos empujan, a ser sumisas y posar como objetos que deben ser contemplados y poseídos. Y a ellos los instan a buscar el conflicto, a poseernos como los objetos que creen que somos, tratarnos como los seres inferiores que perciben en nosotras.

Aquella chica, y podemos estar hablando de cualquier mujer que se haya visto en la misma coyuntura, no se resistió porque decidió que su vida valía más que una violación. Porque cuando sabes que tienes todas las de perder decides que lo mejor es que pase cuanto antes. Porque no hace falta que sean cinco, con que sea uno más agresivo y fuerte que tú ya estás jodida, vendida, y ese miedo, además, paraliza. Sabes perfectamente que “resistirte” sólo hará que te den una paliza antes de, finalmente, violarte. 

Nos pasa a todas, en cualquier situación, no hace falta que sea una violación. No conozco a ninguna mujer que no haya agachado la cabeza en algún momento de su vida donde tenía todas las de perder: oyendo guarradas por la calle, recibiendo insultos de un tipo al que ha rechazado, mordiéndose la lengua con un compañero que agrede cada vez que habla. Se trata de priorizar: a veces prefieres apretar el paso y escapar de un tipo que puede ser peligroso si le contestas lo que de verdad quieres, otras veces prefieres preservar tu imagen profesional -que se puede ir al traste si dices directamente “este compañero es una acosador”-, y en otras ocasiones prefieres, simplemente, sobrevivir.

Pero callar no es otorgar, y si los encargados de aplicar la justicia no tienen en cuenta el contexto social y psicológico de agresores y agredidas, jamás podrán aplicar una justicia que sólo esta en su mano.

Cada ocho horas, una mujer denuncia una violación en nuestro país: cada ocho horas, un hombre está violando a una mujer. Hablamos solo de las que se atreven a denunciar, que son las menos. Y todavía hay gente que se pregunta cómo puede ser esto. Pues bien, esto sucede porque además de que la justicia no llega en muchísimas ocasiones, en los medios se equipara a víctima y agresor cada día; se pone en duda a la mujer, a pesar de que son conscientes del casi inexistente porcentaje de denuncias falsas; se empatiza con los agresores, se les exculpa, se les protege.

La “coach” Cristina Soria sobre la violación de Sanfermines:

“Al final hay SEIS VÍCTIMAS (…) sean culpables ellos o CULPABLE ELLA”.

“Ella tiene derecho a un ‘no’ y también ellos tienen esa oportunidad de decir que no ANTE UNA PROVOCACIÓN DE ELLA”.pic.twitter.com/Uv9JGEv9uF

— Juan Miguel Garrido (@Juanmi_News) November 15, 2017

Los medios, con el caso de la violación múltiple en San Fermín, están haciendo lo que siempre han hecho: dudar de la víctima y blanquear la imagen de los violadores y mancillar -por enésima vez para la mujer- la de ella. Desde reportajes sobre lo triste que es la vida de ellos en la cárcel hasta artículos donde explican que la víctima se ha ido de vacaciones.

Tras la humillación por parte de programas como Espejo Público (no es ni mucho menos la primera vez), viene la incertidumbre de qué opinará un tribunal sobre tu propia experiencia. La vida de esta chica va a depender de qué entiendan estos jueces por violación. Si creen que hay que gritar “NO” repetidamente y dar patadas para zafarse, significará para ellos -y para la vida de ella- que fue una relación consentida, y se irán de rositas. Si son conscientes de que cinco hombres imponiéndose sobre una chica que no dio su consentimiento para penetrarla vaginal y analmente sí es violación, los condenarán.

No sé si la chica de este caso llegará a leer este artículo, pero si lo hace, debe saber que somos legión las mujeres que estamos con ella. Que sabemos perfectamente que no es una relación consentida cuando cinco hombres no necesitan tu “sí” para penetrarte; que sabemos que si te roban el móvil y tiran la SIM es para terminar de humillarte y que no puedas pedir ayuda; que somos conscientes de la violencia institucional que sufren las mujeres que denuncian. Pero sobre todo, debe saber que somos miles y miles las que luchamos para que esto cambie, porque hoy es ella, ayer fueron muchas más, y mañana podemos ser nosotras mismas.

Y a los agresores cabría decirles que también somos muchas, y cada vez más, las que empezamos a cambiar nuestras prioridades en una agresión, que la ira se nos está acumulando, caso a caso, experiencias propias incluidas, y el peligro está cambiando de bando: cuidado a quién elegís a la hora de agredir, porque igual os equivocáis y descubrís que el cántico de “ni un machista con dientes” se convierte en vuestra realidad.

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noviembre 16th, 2017 by admin77

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“Mariano Rajoy Brey es un hijo de puta con complejos, que quiere superar a Franco en la presidencia del Gobierno”. Dicho así, por Ignacio González, da mucho miedo. Sentarse a ver pasar los cadáveres en esta guerra sucia y oír cómo se describen entre ellos es de todo menos como ha declarado Rajoy a la prensa alemana: “Hubo corrupción en mi partido, pero son cosas del siglo pasado”.

Da miedo, más que nada, porque gobiernan España. Para ser del siglo pasado, sorprende que, en un solo día, procesen al partido del Gobierno y a su tesorera, indaguen en el Parlamento por el apunte “M. Rajoy” en una contabilidad corrupta, el juez de Púnica señale movimientos contables opacos en tiempos de Esperanza Aguirre, sepamos que ese mismo gobierno autonómico hacía extraños pagos a la empresa de escrutinios electorales Indra, conozcamos más detalles del pago de mordidas al PP o salgan a la luz nuevas escuchas del caso Lezo con conversaciones un tanto mafiosillas…

Hay una tendencia instalada. Se dirige hace tiempo contra los periodistas que “solo contamos cosas malas”. En palabras de Rajoy, es el “martilleo constante”. Claro que, no hace falta tirar de martillo, cuando semejante oleada de noticias corruptas proporciona clavos suficientes para hacer de la corrupción una cruz. Es aún más un calvario para la ciudadanía que todavía se molesta si le roban la cartera. Para el periodismo, mirar hacia otro lado sería incluso cómplice.

Para un analista llegado de Marte, que se pusiera a analizar la calidad democrática de las naciones europeas, le daría para levitar un rato, dándose un rulo con el platillo volante, acumulando novedades de Gürtel, Púnica, Lezo, pasando los años, esperando condenas y sin un pez gordo en la cárcel. “Solo piensan en ellos”, dice Ignacio González, alias “Jaime Liberal”, el de la pulsera rojigualda y los millones en Colombia. “Me dijo Aznar que hables con el ministro de Justicia para asegurar el puesto de fiscal jefe de la Audiencia Nacional”, le exhorta Zaplana.

Con estas gravitaciones, no es raro que “El Bigotes” le diga al juez que no le moleste, porque estaba pochando huevos y tiene que irse. Pensarán que le echa morro o que es un caradura. No se extrañen tanto, porque al presidente y a la vicepresidenta les han preguntado en el Congreso por la corrupción y su repuesta ha sido que Podemos y el PSOE van peor en las encuestas. Eso debe de ser lo importante. Ni una disculpa, ni una explicación. España pochada: sartén por el mango.

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noviembre 16th, 2017 by admin77

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El Gobierno y sus colaterales han abrazado la causa de los temibles bots rusos y venezolanos empeñados en emporcar las redes para hacer un servicio a los nacionalistas catalanes. Es una noticia que como poco me escama. No dan datos. Acuden a la UE a denunciar la injerencia de redes de intoxicación rusas en el asunto catalán, pero no son capaces de acotar los momentos, los mensajes y, sobre todo, su influencia real en la creación de opinión pública.

Es una noticia que, insisto, me escama.

Uno rasca y lee y gana. Encuentras informaciones de otros países que confirma que medios de capital ruso como RT o Sputnik han introducido mensajes sobre la cuestión catalana que incluso han llegado a hablar de una conspiración de Bruselas para apoyar los independentismos y ganar así más poder para el centro neurálgico de Europa. Ese y otros discursos parecidos para mí descabellados. No recuerdo haber visto que tales ideas hayan entrado de forma firme en el debate público español. Conozco y sé que credibilidad hay que darles a los medios financiados por según quién.

Los tuits de Assange me parecieron una solemne imbecilidad desde el primer momento y hasta creo que contesté a alguno al principio significándoselo. Esa fue mi actitud.  Veo ahora que los medios de comunicación próximos al Gobierno y los que nadan en la órbita de Soraya se han lanzado a las aguas del ejército de trolls rusos y venezolanos y que algunos hasta avanzan hacia la ciberguerra que se librará en las redes en el siglo que habitamos. Por contra, veo que los medios más alternativos o alejados de las tesis progubernamentales mantienen una prudente distancia respecto a esta cuestión. Los medios internacionales la mencionan citando la denuncia que España ha realizado ante la UE y, por tanto, refiriéndose a este hecho y no a la realidad de los ataques o su magnitud.

Este tema me escama.

No digo que sea falso, sino que me escama.

Me escama su falta de plasmación concreta en datos analizables. Me escama la insistencia en unir los frentes Rusia y Venezuela, como parte del imaginario del horror político de la derecha, al concepto independentista catalán para conseguir una imagen viral y rechazable. En resumen, que manejo la cuestión con prevención y perspectiva.

Ese es precisamente el quid de la cuestión. Yo no niego que exista un riesgo cierto de la intervención de estados extranjeros mediante estos sistemas para intentar desestabilizar o polarizar la opinión pública de las democracias occidentales. Cualquier análisis geoestratégico serio reflexiona sobre los apoyos que, desde la órbita de Rusia, por ejemplo, se están realizando para apoyar cualquier movimiento que pueda desestabilizar desde dentro a la Unión Europea o Estados Unidos.

Eso se une, desde luego, a preocupantes apuntalamientos a movimientos de ultraderecha xenófoba europea que incluyen la difusión de noticias falsas sobre actos violentos o amenazas procedentes de refugiados, árabes o, en general, inmigrantes y personas de otras etnias. También es cierto que la cuestión catalana se puede haber considerado una especie de laboratorio para esta y otras cuestiones por parte de aquellos que buscan la desestabilización democrática (lo expliqué en “Insurrección”). Lo que no queda tan claro hasta el momento es qué papel real ha jugado y, desde luego, no es algo que explique un problema real y preexistente, cocido en el caldo político de la inacción del Partido Popular, y la acción persistente de las fuerzas independentistas catalanas.

Tampoco son falsas las posibilidades de injerencia informática en los sistemas de recuento electoral de los países democráticos mediante hackeos u otros. No en vano Holanda decidió contar a mano los votos de las últimas elecciones para evitarlo. Es decir, que existen amenazas reales al respecto pero que la aparición estelar de los bots rusos en el argumentario patrio me sigue resultando un poco escamante.

Y a eso quería llegar. Ante esas guerras de ejércitos de trolls informáticos y de bots replicantes en nuestras redes sociales sobre las que nos alertan, existen mecanismos de defensa más valiosos que cualquier batería de analistas. Esas defensas férreas, esas ciudadelas blindadas a la posverdad, se llaman ciudadanos con espíritu crítico, capaces de saber hallar entre todo el aluvión de datos a aquellas fuentes relevantes y solventes en las que descargar parte de su responsabilidad para cegar el paso a las intoxicaciones.

Para pelear contra esas agresiones antidemocráticas de los bots de mensajes replicantes, no hay mejor ejército que el constituido por ciudadanos formados y un periodismo fuerte e independiente. Todas las medidas para reforzar y pertrechar a las democracias occidentales contra esta nueva forma de ataque deberían incidir en derivar recursos para que la educación produjera individuos capaces de discernir, imbuidos de un escepticismo razonable y entrenados en el contraste de medios de comunicación de diverso cuño y línea editorial. ¿Cómo se resistía una sociedad a la censura? Del mismo modo se deben defender las naciones democráticas de la desinformación por saturación de mensajes falsos o directamente ajenos a la realidad.

No parece tan complicado. Fomentar un espacio de opinión pública saludable y plural en lugar de la permanencia de bandos acríticos dispuestos a asumir cualquier cosa que reafirme su personal enconamiento en defender a unos u otros. La pregunta es si esto interesa realmente a los gobernantes de ningún país y más concretamente del nuestro. No parece tan claro. Recuerden que en Púnica se acusa al Partido Popular de Esperanza Aguirre de pagar con nuestro dinero a intoxicadores profesionales para desprestigiar a los ciudadanos que protestaban por los recortes en Educación a través de la Marea Verde.

En esa trama hemos visto como los populares usaban fondos públicos para cargar contra sus enemigos, también lo hicieron contra Ángel Gabilondo, para reforzar la imagen de los propios o para borrar sus máculas en Internet dejadas por una gestión real pero desagradable para ellos. Así que erradicar la conciencia crítica, difamar al contrario y limpiar los errores propios mediante redes de bots y especialistas no es algo que haya desagradado al partido en el gobierno, sobre todo cuando la fiesta la pagábamos los ciudadanos.

Existe una guerra de la propaganda y la posverdad para intentar dinamitar las democracias occidentales, pero es una ofensiva que no es sólo exterior. Hace mucho que la sobre exposición del ciudadano medio a un bombardeo de mensajes de procedencias diversas, y muchas veces dudosas, lo ha dejado inerme ante la manipulación y, además, le ha proporcionado la falsa idea de que se encuentra más informado que nunca y dispone de los mejores resortes para formar una opinión que siempre estima libre.

Pero ser libre nunca sale gratis ni es cómodo ni sucede sin esfuerzo. Así que no olvidemos que tragar como ocas cebadas todo lo que nos ofrecen como noticia no es sino entregarles objetivos en esta ciberguerra que todos anuncian. Cada uno de nosotros tiene que ser consciente de que es preciso consumir todo lo que bombardea nuestro cerebro a diario con criterio y, en los tiempos presentes, con una barrera de duda razonable. Si el esfuerzo para detectar los alimentos intelectuales contaminados les resulta complejo, será el momento de elegir a aquellos filtros profesionales, los periodistas y los medios, en los que prefieran confiar parte de su criterio. Esa elección debe ser también muy cuidadosa porque bajo ese epígrafe funcionan también bots emboscados.

Y si quieren un consejo, ante la duda, muéstrense escamados. Es un buen chaleco antibalas.

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noviembre 16th, 2017 by admin77

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Los resultados de las distintas elecciones y los que arrojan los estudios de opinión ponen de manifiesto la más que notable complejidad de la sociedad catalana. En las dos últimas legislaturas, la Xª y la XIª, el Parlamento ha estado integrado por seis grupos parlamentarios con relevancia para la toma de decisiones, sobre todo para las más relevantes.

Se trata, sin duda, de la comunidad autónoma con mayor complejidad de todas las que integran el Estado.  No hay ninguna otra en la que ocurra algo parecido. En casi todas, el sistema de partidos que se había configurado a partir de las elecciones que acabaron siendo constituyentes del 15 de junio de 1977, entró en crisis como consecuencia del impacto de la crisis económica a partir de 2008, como ha ocurrido en la casi totalidad de los demás países europeos y dicha crisis se tradujo en una expresión más compleja del cuerpo electoral que conllevaba la incorporación de nuevos partidos al arco parlamentario con presencia significativa (Ciudadanos, Podemos).

En Catalunya la crisis general europea y española se vio acentuada por la confluencia con ella de una “crisis de la Constitución territorial”, como consecuencia del naufragio de la operación de reforma del Estatuto de Autonomía ante el Tribunal Constitucional. La combinación de la crisis del “Estado Social”, europea y española,  con la crisis “territorial” específicamente catalana, hizo que el estallido del sistema de partidos tuviera una intensidad muy superior y que el número de partidos políticamente relevantes aumentara más que en ningún otro sitio.

Esta complejidad política de la Catalunya ha permanecido oculta como consecuencia del pulso con el Estado para la celebración del referéndum sobre el llamado derecho a decidir, que ha marcado tanto las campañas electorales de 2012 y 2015 como el desarrollo de las dos Legislaturas resultantes de dichas elecciones.

La representación parlamentaria de la sociedad catalana cada vez era más diversa, pero su interpretación política cada vez era más reductora de dicha complejidad. Parecía como si lo único relevante fuera la línea divisoria entre la independencia  de o la permanencia en el Estado español, como si la heterogeneidad a un lado y otro de la línea divisoria careciera de toda relevancia.

Y nada más lejos de la realidad. La heterogeneidad política tanto en el bloque partidario de la independencia como en el bloque contrario a la misma no ha hecho más que crecer.

En el bloque independentista hemos asistido a la desintegración de la formación política que había dirigido Catalunya desde el momento inicial de su constitución como comunidad autónoma en 1980. CiU ha dejado de existir como coalición y los dos partidos que la integraban están en proceso de refundación.  ERC que había sido un partido marginal hasta 2003 y que, aunque con un crecimiento significativo a partir de esa fecha, no se convirtió en partido determinante sino a partir de 2015, parece que es ya y que va a convertirse todavía más en el partido hegemónico dentro del bloque independentista. Y por último la CUP, una formación política que tiene representación parlamentaria por primera vez en 2012 con tres escaños completamente irrelevantes y que, sin embargo, se convierte en 2015 con diez escaños en una formación determinante.  

Esta heterogeneidad no ha dejado de estar presente en ningún momento del desarrollo del “procés”. Por eso fue tan difícil ponerse de acuerdo en la pregunta del referéndum del 9-N, que acabó no siendo una pregunta, sino dos; por eso la lista de Junts pel sí para las elecciones de 2015 se hizo como se hizo con Artur Mas y Oriol Junqueras en los números 4 y 5; por eso Artur Mas no pudo continuar siendo President; por eso Puigdemont tuvo que presentar una cuestión de confianza para conseguir la aprobación de sus primeros presupuestos; por eso se produjo la purga del Govern en la recta final del 1-O; por eso se produjeron las incalificables jornadas del 6 y 7 de septiembre en el Parlament…

Y sin embargo, esta heterogeneidad ha quedado oculta por la línea divisoria independencia-no independencia. Parece como si únicamente fuera relevante estar a un lado u otro de la línea divisoria.

Lo mismo ocurre en el otro lado de la divisoria. Entre Ciudadanos, PP, PSC/PSOE y Podemos no hay coincidencia en nada excepto en que están de acuerdo en el no a la independencia. Parece como si esto último fuera lo único que contara.

Ni en un lado ni en el otro de la línea divisoria se puede garantizar el Gobierno de Catalunya. En estas dos últimas legislaturas ha habido gobierno por el espejismo de la independencia. CiU y ERC en la Xª Legislatura invistieron a Artur Mas como President porque acordaron previamente la convocatoria del 9-N. Junts pel Sí y la CUP acordaron la investidura de Puigdemont también por la convocatoria del 1-O. Sin el espejismo de la Declaración Unilateral de Independencia, no habría habido Gobierno en Catalunya en estos últimos cinco años.

En el otro lado de la divisoria no ha habido nada más que oposición a la convocatoria del referéndum. Entre ellos no podrían ponerse de acuerdo para formar gobierno. Se han puesto de acuerdo en la aplicación del 155 CE para convocar elecciones. Podemos se ha quedado fuera de este acuerdo. Pero nadie puede esperar que, tras las elecciones, vaya a haber un acuerdo entre ellos.

Con el espejismo de la independencia no hay forma de garantizar la gobernabilidad de Catalunya. Hay que hacer abstracción de ese espejismo y de la línea divisoria que genera, si se quiere formar gobierno y poner en práctica un proyecto de dirección política de la comunidad autónoma.

¿Se podrá hacer esto tras las elecciones del próximo 21-D? Todas las encuestas indican que la complejidad no va a ir a menos, sino a más. Los seis grupos parlamentarios de la XIª Legislatura van a ser, como mínimo, siete, ya que el grupo de Junts pel Sí se va a descomponer en dos, ERC y Juntsx Catalunya. Y eso dando por supuesto que, en este desbarajuste, no se cuele algún partido más, que es algo que puede ocurrir.

Tras el 21-D llegará la hora de la  verdad. Una vez desvanecida la “ilusión óptica o de la imaginación” que era la declaración de independencia, vamos a ver si el sistema político que se ha ido configurando en este ensayo de transición de la autonomía a la independencia, garantiza o no la gobernabilidad  de Catalunya.

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noviembre 15th, 2017 by admin77

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Es posible que Ada Colau sea una de las políticas españolas que más veces ha empleado la palabra “diálogo” y la que más veces expresa la voluntad de “tender puentes” como forma ideal, necesaria e infalible, de resolver las inevitables diferencias que definen la política. Todo se puede solucionar con el diálogo y nada se podrá arreglar si no es mediante el diálogo. Diálogo entre afines y distintos, diálogo transversal, diálogo curativo y paliativo, dice todo el rato Colau. Sin embargo, a la hora de decidir expulsar a los socialistas catalanes del PSC del pacto de gobierno municipal del Ayuntamiento de Barcelona, no parece que Colau se haya entregado a fondo en el diálogo y más bien da la sensación de que ha volado los puentes realmente existentes.

Quizás todo tiene que ver con el carácter corrosivo y divisor que impregna el llamado próces desde que el no siempre bien ponderado por su astucia, Artur Mas, lo activó con fruición seguidista. En este periodo, pongamos desde 2010 hasta hoy, se ha roto la coalición entre Convergencia y Unió; coalición ganadora desde las primeras elecciones democráticas. Se ha dividido la propia Unió. Se ha dividido y menguado Convergencia, que huye de su propio nombre, el que le otorgó la hoy reconocida como organización patrióticamente criminal de los Pujol-Ferrusola. De controlarlo todo con 62 diputados en las autonómicas del 2010, a los 50 escaños de las autonómicas del 2012, a pasar a autodenominarse PDCAT y al vete a saber de escaños con la denominación Junts per Catalunya, seguro que muy, pero que muy, por detrás de ERC.

En el viaje del próces, el PSC también se ha fragmentado, ha perdido buena parte de la que fue su hegemonía y el grupo que unía a catalanistas progresistas se ha roto en dimisiones sonadas. El próces ha roto, en fin, hasta los autodefinidos como nueva política y así hemos visto como Dante Fachin era purgado de Podem en la carrera por ofrecer esas siglas también al independentismo. El propio Catalunya Sí que es Pot, en el que estaba Podem, se ha fracturado en varios pedazos cainitas, como hemos podido comprobar en varias votaciones decisivas en el Parlament.

Lo peor de todo: en este próces se ha fragmentado la sociedad catalana, los propios catalanes, hasta destrozar relaciones familiares, de amistad, de trabajo, de gremio o practica deportiva; de las simpatías compartidas de antaño, vivir y dejar vivir, hemos pasado a las relaciones agrias de hoy. La convivencia es peor ahora que antes de 2010.

Una de la pocas coaliciones que sobrevivía a ese destrozo corrosivo, la que unía, en el terreno estrictamente municipal, a la parca mayoría minoritaria de Colau, 11 concejales de 41, con la jibarizada minoría, cuatro concejales del PSC, de quien gobernó históricamente -Narcis Serra, Pascual Maragall, Joan Clos, Jordi Hereu- el Ayuntamiento de Barcelona, se acaba de romper también.

El pacto era estrictamente municipal, de pura gestión de los problemas concretos de la ciudad -el tranvía, las terrazas, la funeraria, Glòries, supermanzanas…- y como tal había sido valorado como positivo por Colau hace unos días. Que se nos haya dicho, no ha existido la más mínima discrepancia en la agenda municipal.

Sin embargo, en una jugada de muy vieja política, que salta por encima de los problemas de la ciudad y sus habitantes, y que parece anticipar maniobras políticas de un ámbito que excede con mucho al de Barcelona, Colau, sin diálogo, sin puentes, ha reventado una coalición transversal y me imagino que de izquierdas.

Para la voladura, ha recurrido Colau a lo que el hasta ahora portavoz parlamentario de CSQP, Lluis Rabell , ha calificado de “paripé demagógico promovido por gente que no se atreve a asumir sus decisiones”. En efecto, de 10.000 inscritos para votar, han votado 3.800 y de ellos 2.059 han dicho que había que romper el pacto y 1.736 se han negado a romperlo. Nivel. Otras gentes de esta coalición de Rabell, han sido muy críticos con la ruptura, pero no importa, me imagino que ya hay quién esta metiendo la bala en la recámara para disparar “traidores”, “fascistas”, “españoles” y otras lindezas de la neolengua al uso. (Al paso que vamos, van a llamar fascista a la propia sombra de quien se dedica a llamar fascista a toda la humanidad).

El caso es que mientras sigue la huida de empresas y peligra la celebración de encuentros muy relevantes para Barcelona, Ada Colau ha decidido que era urgente romper el acuerdo con los socialistas, mirando más a su futuro político inmediato en Catalunya que a los intereses bien concretos de una ciudad dañada en su imagen y que necesita, creo, de estabilidad mas que de cualquier otra cosa.

Soy de los que celebré que gente como Ada Colau, que venía de movimientos ciudadanos con reivindicaciones bien urgentes y concretas, que venía de la calle, de la lucha contra los desahucios, llegara a la política institucional, para desde ahí volcar su energía transformadora en medidas concretas que mejoraran la vida de la gente. En el poco tiempo que lleva al frente del Ayuntamiento de Barcelona, Colau ha demostrado tener más interés en asuntos no estrictamente municipales, en vender una supuesta ambigüedad que parece que se decanta finalmente más por el independentismo, causante del mayor destrozo para la convivencia en Catalunya, que por la búsqueda de soluciones negociadas, pactadas, de tender puentes y así. Una pena.

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noviembre 15th, 2017 by admin77

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Un hombre que tacha a su mujer de loca cuando ésta se queja de la sobrecarga de trabajo que tiene. Un hombre que se mofa de su mujer, que la humilla con la excusa del “humor”. Un hombre que le grita a ella porque al jefe no puede alzarle la voz. Un hombre que hace luz de gas a su novia y la acusa de inventarse cosas que sabe perfectamente que han pasado, o cosas que recuerda perfectamente haber dicho. Un hombre que usa la economía para ejercer control y poder sobre su pareja. Un hombre que pone pegas a que su compañera emprenda actividades, ya sean lúdicas, laborales o educativas, por miedo a que conozca a otro. Un hombre que prefiere a la mujer en casa. Un hombre que ejerce violencia de cualquier tipo no puede ser buen padre. Un sujeto así no puede, jamás, dar un ejemplo sano a las criaturas que conviven con él bajo el mismo techo.

Un hombre que amenaza, que agrede, que insulta a su pareja, aunque no sea en presencia de las hijas o de los hijos, es un hombre violento y agresivo que demostrará su misoginia cada día frente a ellos. Porque la misoginia no es como una mentira, que puedes esconder cuando quieras, la misoginia está presente en tu forma de expresarte, en cómo hablas de las mujeres, en los comentarios que haces mirando la televisión, en la forma que tienes de tratar al resto de mujeres. Por fuerza, un hombre que ejerce violencia psicológica sobre su pareja, no sólo no criará a nadie de manera sana, sino que diferenciará a los hijos de las hijas, porque para él no son lo mismo.

Un maltratador, aunque jamás dé un golpe, jamás podrá inculcar valores positivos en los niños, los educará en el odio hacia las mujeres, porque ese odio convive en él, y también los instará sin darse ni cuenta para que se odien a sí mismo si no son lo suficientemente masculinos. Un maltratador tampoco podrá formar en igualdad a sus hijas, a las que tratará con condescendencia, a las que reprimirá si son demasiado libres, poco sumisas, o si no son suficientemente femeninas. Un agresor machista, dé o no golpes, jamás será un buen padre; será un lastre en las vidas de las criaturas y el ejemplo que les dará los marcarán de por vida. Formará a personas que acabarán pensando o bien que la madre es un ser débil que merece el castigo que recibe, o bien viviendo en la constante tensión de convivir con un hombre que se “enfada” de forma imprevisible, que puede explotar en cualquier momento. Y el malestar y la caída de la madre calará en ellos de forma inevitable. Lo que vivimos de forma repetitiva siendo pequeñas se torna normalidad, porque no tenemos más ejemplo que ése. La violencia simbólica no es otra cosa que normalizar el horror a base de vivirlo a menudo.

El trabajo que tienen luego esos menores para desaprender toda la violencia -que asumieron como algo inevitable- es a veces tan duro y tan largo, que muchos no lo consiguen jamás. Es un trabajo que requiere mucha formación feminista, y como no todos tienen a mano un entorno feminista, acaban generando esa violencia sobre sus propias mujeres en el futuro. La rueda de la violencia es imparable si no se ponen medios, mucho más si aún seguimos poniendo en duda que un maltratador puede ser o no un mal padre.  Ni que decir tiene quiénes son los que sufren directamente la violencia física de todos los agresores machistas que acaban convirtiéndose en feminicidas: decenas de niños y niñas asesinadas por su padre como castigo a su madre, y cientos de huérfanos y huérfanas en los últimos años. Tengan la decencia de no poner en duda algo tan básico como esto. O piensen -los que defienden lo contrario- en qué los lleva a hablar a favor de hombres maltratadores.

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noviembre 15th, 2017 by admin77

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El Estado español es racista. Lo es cuando sus instituciones, y los agentes públicos que las representan, actúan de forma arbitraria y discrecional contra quienes no responden al patrón que se canturrea en el ‘yo soy español, español, español’.

Desde hace años, caso tras caso, distintas sentencias, hechos e informes vienen constatando que las autoridades españolas actúan (o permiten que se actúe) con un sesgo racista hacia las personas que por el color de su piel se podría interpretar que no son ‘de aquí’.

Ya sé que decir que España es racista es políticamente incorrecto. De hecho, la creencia mayoritaria (casi unánime) es que no lo somos: solo el 0,4% de los españoles (datos del último CIS) considera que el racismo es un problema del que tengamos que preocuparnos. A pesar de tenerlo delante, nos cuesta tanto verlo. “Seremos muchas otras cosas, pero racistas… no”.

Sin embargo, el trato cruel, inhumano y degradante que hay tras muchas de las decisiones políticas e institucionales que se toman en las fronteras, en los centros de internamientos y con las identificaciones policiales callejeras, demuestran todo lo contrario. Y nuestro sesgo inconsciente para no verlo como racismo, también.

Hace unos días, por fin, una madre y un hijo se reencontraron tras haber sido forzados a estar incomunicados y separados por la Consejería de Bienestar Social de Melilla. Esta viene siendo una práctica habitual de una institución que trata de forma desigual a quienes no son ‘de aquí’ aunque ello (o precisamente por ello) suponga infligir un sufrimiento innecesario a madre e hijo. No es el primer caso en el que se retuerce la ley que pide comprobar el ADN cuando, al entrar por la frontera, no se puede documentar la filiación. Y se hace hasta el extremo de ir contra el propio interés del menor y la ética más elemental del trabajo social. A pesar de ‘este final feliz’, Women´s Link llevará el caso ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo.

Este mismo Tribunal y también la misma ciudad (Melilla) fueron protagonistas hace menos de un mes de una sentencia histórica: las ‘devoluciones en caliente’ aprobadas por el Gobierno de Rajoy, son ilegales. Dice la resolución que violan el Convenio Europeo de los Derechos Humanos que prohíbe los retornos colectivos y obliga a garantizar el derecho de recurso efectivo de las ‘personas devueltas’. Ahora el Estado español deberá indemnizar a los dos demandantes que contaron con el apoyo de otra organización para llegar hasta el Alto Tribunal. Una ínfima parte del número total de personas cuya integridad física se ha visto dañada por una práctica que todo el mundo advertía que era ilegal.

En otros casos ni se advierte que la práctica es ilegal. Es el caso de las mujeres marroquíes que portan paquetes de hasta 70 kilos sobre sus hombros por 4€ cada uno. Las llamadas porteadoras que cruzan nuestros puestos fronterizos con Marruecos bajo la mirada de nuestras autoridades que hacen la vista gorda a ante una actividad peligrosa para ellas y que se asemeja todo al contrabando, pero se nombra como ‘comercio atípico’. Un negocio que destroza a las mujeres y enriquece a quienes se aprovechan de su miseria a uno y otro lado de la frontera. Porteadoras que sufren los golpes y empujones, no solo de sus compañeras de suplicio, sino de la propia Guardia Civil y Policía Nacional que no quiere que interrumpan el tráfico ni obstaculicen los pasos.

Una actividad que se ha cobrado la vida de 12 mujeres en los últimos meses. La última a principios de este mes de noviembre. Sin embargo, la Delegación de Gobierno duda de la veracidad del último caso, en vez de investigar qué papel juegan las Fuerzas de Seguridad en cada una de las avalanchas en las que las porteadoras mueren aplastadas. Nadie hace nada aunque mueran. No son de las nuestras. Eso es racismo.

Ese argumento, el de ‘no son de los nuestros’ es el mismo que esgrime Juan José Imbroda, presidente de Melilla, cuando justifica la falta de protección a los niños extranjeros no acompañados, de entre 5 y 17 años, que duermen en las calles de su ciudad. Estos son víctimas de todo tipo de abusos y peligros ante el manido argumento de que si están así es porque quieren y que, además, debería ser Marruecos quien se hiciera cargo de ellos. No son ‘hijos nuestros’, dice la máxima autoridad de esos 12 kilómetros cuadrados. Una afirmación vulnera de lleno el Protocolo de actuación en estos casos de 2014, la Ley de Infancia y Adolescencia española y por supuesto, la Convención de los Derechos del Niño. Pero como no son nuestros, todo vale. Eso es racismo.

Lamentablemente, no hay renglones suficientes para seguir nombrando las vulneraciones que de palabra, obra y omisión protagonizan nuestras instituciones por motivos racistas. No solo en Melilla porque este racismo, el que no nos preocupa, tiene lugar en todas partes: en las calles donde tienen lugar las identificaciones policiales arbitrarias, en los centros de internamiento -que no son de acogida sino de retención de personas en condiciones inhumanas- o en los plásticos de nuestros huertos del Mediterráneo donde las condiciones de explotación laboral se pasan por alto por un amplio abanico de funcionarios… Y eso, que pasa delante de nuestros ojos y no vemos, es racismo. Lo es.

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noviembre 13th, 2017 by admin77

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El procés ha acabado por romper en mil pedazos el mapa político catalán que siempre había sido bastante plural pero que ahora aparece completamente atomizado.

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noviembre 12th, 2017 by admin77

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Cortázar tiene un relato que de niños nos mandaban reordenar en el colegio. Se llama “Por escrito gallina una” y es uno de esos textos juguetones del escritor, que desestructura adrede en una locura gramatical para que juguemos a leer como saltando la rayuela. Empieza así: “Con lo que pasa es nosotras exaltante. Rápidamente del posesionado mundo hemos nos, hurra”. Y termina así: “no importa: de será gallinas cosmos él, carajo, qué”.

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